jueves, 21 de abril de 2011

Lo peor que te puede pasar

Sen palabras. Así é como me quedei eu. Que é peor que sentir a decepción por parte daqueles que chamabas amigos? Xa o dice o dito pensa mal e acertarás. Pensei mal, e tamén pensei que era mala por pensalo. Pero ahora que sei que é verdade... casi preferiría que non o fose. Agora só toca  esperar a que chegue setembro e o cambio de cidade á procura dunha nova vida.  
E para aqueles que pensan que o peor que hai é que te deixe o mozo/moza... iso é porque non saben o que é non ter a ninguén en quen confiar plenamente. Ou telo, pero "lonxe".


    Lo peor que te puede pasar no es acabar en un hoyo. Lo peor que te puede pasar no lleva ningún epitafio, ningún karma, ningún porqué. Casi nadie habla de ello, porque nombrar lo peor que te puede pasar es como admitir que alguna vez te ha pasado, y eso pinta tan agradable como lamerle las pústulas a un leproso terminal.
    A los que se atreven a pronunciarlo les basta con dos palabras, que por separado parecen inofensivas, pero que juntas pueden llegar a resultar tan devastadoras como la halitosis de cualquier obispo acusado de pederastia. Y es que lo peor que te puede pasar es quedarte solo
    Perdona si me temo que también es lo único. 
    [...]
    Los amigos, familia elegida, van emprendiendo uno a uno viajes de ida al país de las parejas, al de los trabajos, al de los aviones, al de los padres, al de nunca jamás. Y allí se instalan. Claro que puedes visitarlos, pero siempre con visado de turista. O con llamadas, mails y mensajitos , neocostumbres que mantienen vivo el lamentable espejismo de pensar que aún estás ahí.
    Y las parejas, amistades erigidas en familia, van cerrando episodios de este libro al que llamamos vida y que tiene la última página escondida entre las demás. Eres con quien estuviste. Eres de quien quisieras haber sido.
    Supongo que en eso consiste la contrapartida de las cosas  bellas, en que todas acaban por no durar. Ese fin de trayecto oscuro y desagradable llamado despedida en el que todos nos hemos tenido que bajar alguna vez.
    Crecer es aprender a despedirse, conocer cada vez a más gente que ya no está, saberse de memoria la dirección de los tanatorios, sonreír de tanto llorar. Porque incluso en las ciudades más espectaculares la mitad de la población vive orientada hacia cualquier norte donde nunca pega el sol.
    [...]
    Con la edad, las cosas van cambiando de color. Las muy claras se tiñen de a veces, las muy normas se van de excepción. Siempre he pensado que el matiz era cosa de viejos. Con la edad, tienes varias preguntas para cada respuesta. Varios recuerdos para cada proyecto. Varios principios para cada final. [...]
    Pero nada de todo eso debe de ser comparable a la angustiosa sensación de irse quedando solo.
    Por eso, siempre que noto la soledad de alguien gritada a través de sus poros, jamás se me ocurre manifestar burla, desprecio o desdén.
    Miro a los que sí lo hacen y siento lástima hacia ellos. Parece que jamás se hayan quedado solos.
    Y si alguna vez lo estuvieron, está claro que no supieron aprovecharlo.


Risto Mejide. El sentimiento negativo.



Aproveito para recomendar este libro de Mejide, sobre todo para aqueles que teñan algún tipo de prexuízo contra del. Con este libro cambiarán de opinión totalmente.
   
 

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